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En el artículo “Adoptemos sus clichés, si, y después metámonos un tiro en el entrecejo” se presume de hacer una crítica a los argumentos dichos en “¿okupas buenos u okupas malos?“, obviando lo que se mencionaba en “Reflexiones desde la torre del moro” que los sitúan en un contexto más apropiado. Aún así voy a entrar en detalles para localizar las diferencias palpables entre una postura y la otra:
Antes de nada quiero recordar la base de la que yo parto:
3 comentarisOkupar es simplemente una acción que crea una Zona Temporalmente Autónoma con afán de permanencia, luego dentro de ese espacio liberado las individualidades que participen desplegarán mediante su imaginación sus propios valores, entrando o no en conflicto con el resto de individualidades que se encuentren en el espacio, pero teniendo presente como única premisa defender a toda costa el lugar que les permite realizar su librepensamiento.
El día que encontramos la Torre del Moro tuve una charla con Pity sobre la política de respeto que debíamos tener con el barrio, al ser ese un lugar reivindicado durante años por los vecinos. Fue entonces cuando él me comentó que en una serie de TV3 aparecían en la trama unos okupas que hacían el papel de “buenos” por realizar acciones con carga social y que según avanzaba la serie se enfrentaban a los okupas “malos” que eran una panda de tirados que reventaban todo el trabajo hecho.
También hace poco J! me comentaba que durante una jornada de trabajo en nuestro espacio vino una persona mayor y les dijo: “menos mal que habéis entrado vosotros, porque si hubieran entrado okupas no me quiero imaginar como hubiera acabado esto”.
En cierta forma es parecido a lo que me comentaba sarto hoy mientras limpiabamos la casa, entorno al concepto de okupa hay una serie de prejuicios por parte de la sociedad que hacen que éste no sea bien visto. Acercarnos a la gente sin la pegatina de “okupa” en la frente hace que se acerquen con menos miedo y comprueben por ellos mismos que hay unos argumentos detrás sólidos y unas ganas de cambiar la forma que tenemos de experimentar nuestras vidas. Tal vez después, cuando sepan que en realidad somos “okupas” relativicen un poco su desprecio por la violencia que causa que unos desconocidos entren en un espacio que no es suyo.
Hay tensión en el ambiente. Esperamos a que vengan los Mossos a tomar acta de nuestra okupación mientras una mujer histérica nos llama cobardes por “no dar la cara”, nosotros intentamos hablar con ella de manera tranquila desde una ventana para calmarla. Nos enfrentamos a un reto, un grupo de vecinos ya se han congregado alrededor del edificio para enterarse de lo que está pasando y tenemos que defender el sentido de nuestra acción para posicionarlos a nuestro favor.
Es dificil hacer entender un golpe de reacción contra el poder cuando se hace desde una postura que también se erige como poder. Lo es porque se ha actuado de manera silenciosa, tal vez traicionera, para golpear con más fuerza. Impacta porque se realiza de manera sorpresiva, quebrando la normalidad de un vecindario que sólo quiere paz y armonía en sus calles, aunque se tenga que tejer un manto de hipocresía para conseguirlo. Nosotros somos como Penélope, deshilamos por la noche lo que cosemos por el día, intentamos desarmar esa hipocresía para construir otras vidas posibles.
Decía uno de los viejos del lugar que las fiestas no eran más que cuatro amiguetes que se juntaban para pasarlo bien frente a un par de altavoces, que para amenizar el encuentro ponían unas cuantas pistas en el camino con las que el resto de gente con ganas de cachondeo podían llegar y disfrutar del evento. La esencia de esto no es más que la solidaridad de quien se sabe rodeado de sobreabundancia, si hay pastel suficiente para que comamos tú y yo ¿por qué no lo voy a compartir contigo? Desgraciadamente las fiestas se profesionalizan, los colectivos nuevos comienzan a ansiar beneficios para crecer lo más rápidamente posible y esa otra parte invitada pasa a ser un cliente que consume un producto que se cree con derecho a exigir semana tras semana, ¿qué hemos perdido?.










